Haz pequeñas modificaciones en tu entorno para cambiar tu futuro.

Una definición sencilla de los hábitos sería la siguiente: los hábitos son cosas que hacemos.

 Todos hacemos cosas. Realizamos acciones concretas: andamos de un lugar a otro, vemos la tele, comemos, leemos, revisamos el correo electrónico, practicamos ejercicio ,dormimos, hablamos con otras personas…

Estas cosas las hacemos una o varias veces al día, o a la semana, o al mes..por lo tanto, un definición más exacta sería: Los hábitos son cosas que hacemos repetidamente.

A mayor frecuencia, mayor impacto en nuestras vidas y más automáticas se vuelven, es decir, nos cuesta menos esfuerzo consciente realizar estas acciones. ¿cuantas veces tienes la sensación de estar en piloto automático?

En lugar de ir a la deriva, debemos elegir una dirección. Podemos andar hacia un destino o sin rumbo por la ciudad. La solución para tener el control sobre nuestras vidas es aparentemente sencilla: hacer las cosas que nos benefician y no hacer las que nos perjudican.

Pero esto, como ya sabrás, no es nada fácil.

Hay tres causas principales para que nos resulte tan difícil desarrollar o eliminar ciertos hábitos: nuestro sistema químico de recompensa cerebral, la sensación de ausencia de control y el entorno en el que vivimos.

Podemos también tener “pensamientos habituales” o “hábitos mentales”, pero centrémonos por el momento en aquello que más impacto tiene sobre nuestra realidad: lo que hacemos. Al fin y al cabo las “cosas que haces”  no son “cosas que quieres hacer” ni “cosas que piensas o sientes” 

 

Recompensas Vs Consecuencias

Nuestro cerebro  segrega determinadas sustancias químicas cada vez que hacemos ciertas cosas. Este sistema de recompensa inmediata provoca que cuanto más agradable nos resulte realizar esa acción, más veces la repetiremos y será más fácil que se convierta en un hábito.
Podemos preguntarle a un fumador la potente sensación de placer de la nicotina en la primera calada, o el placer inmediato que a la mayoría de las personas les provoca comer algo dulce.

Por el contrario, cuanto más desagradable o incómoda resulta la sensación, más probable es que tratemos de evitar esa conducta, por lo que será complicado crear o mantener ese hábito. ¿No produce cierto dolor e incomodidad entrenar un músculo levantando un peso que nos requiere un esfuerzo ? ¿ No requiere un esfuerzo levantarse de la cama para ponernos en marcha?.

Fíjate bien ahora en esto: La recompensa química inmediata y las consecuencias sobre tu realidad no están relacionadas: Fumas porque te produce una sensación agradable, pero la consecuencia es un peor estado de salud a medio/largo plazo. Comes dulces por el placer inmediato que obtienes, pero la consecuencia puede ser un aumento de tu porcentaje de grasa corporal, con efecto negativos para tu salud y tu energía.

En un mundo ideal aquellos hábitos que tienen un impacto positivo en nuestra vida tendrían a su vez recompensas químicas inmediatas agradables.  Entonces, ¿ por qué no sucede esto? De todas las teorías, la más probable es que nuestro cerebro no está diseñado para el contexto actual. 

 Tiene sentido que, como mecanismo de supervivencia y ahorro de energía en un mundo primitivo, el cerebro no incentive el movimiento o que nos motive para aprovechar las escasas fuentes de calorías concentradas que tiene lo dulce,  pero nuestro contexto actual es diferente y tenemos una excesiva disponibilidad de alimentos calóricos y todo lo que nos rodea nos incita al sedentarismo (¡en breve ya no andaremos pues tenemos patinetes eléctricos por todas las calles de la ciudad!)

 ¿ Como podemos, entonces, enfrentarnos a este reto? Difícilmente podremos luchar contra nuestros mecanismos de compensa por lo que no podemos cambiar nuestro cerebro, pero si alterar nuestro entorno.

Aislados de cualquier estímulo, debemos pensar en aquellas consecuencias que no queremos para nuestra vida y en los resultados que queremos lograr. ¿ Qué hábitos tendríamos que desarrollar? ¿ Qué hábitos tendríamos que eliminar?. Analicemos nuestros hábitos actuales y pensemos en que consecuencias van a tener.

Pon en pausa, por un momento, la película de tu vida; deja de actuar como  un zombie. Reflexiona sobre lo que haces cada día. Piensa en las consecuencias. Diseña tu futuro.

Ya hemos dado el paso más importante.

La fórmula de los resultados.

El segundo motivo que hace que nos resulte tan complicado actuar para nuestro beneficio (y evitar lo que nos perjudica) es una permanente sensación de ausencia de control sobre lo que podemos lograr.

La fórmula de los resultados sería la siguiente:

 Si queremos obtener resultados, debemos marcarnos un objetivo y pasar a la acción, pero hay factores externos que no podemos controlar y que pueden impedir que lo logremos.

 Esto hace que usemos estos factores externos como excusa para dejar de hacer lo que si  controlamos. De esta manera dejamos de asumir nuestra responsabilidad (o capacidad de respuesta).

Hazte responsable de aquello que sí puedes hacer, sin preocuparte de lo que no puedes controlar. Ocuparse y preocuparse son estados antagónicos, como acción e inacción.

Te voy a regalar una frase que lo resume y que puede resultarte útil:

No te preocupes el domingo. Ocúpate el lunes.

Recuérdalo la próxima vez que tengas la tentación de abrir el correo electrónico del trabajo un domingo. Si surge algo que tengas que solucionar no podrás hacerlo y te regalarás a ti mismo una dosis innecesaria de preocupación.

Hasta ahora, hemos visto que nuestros sistema de recompensa inmediata y la sensación de ausencia de control nos hace vulnerables y nos impiden pasar a la acción. 

Advertencia: Esta vulnerabilidad es aprovechada por otros para que desarrollemos hábitos que no nos benefician. Si no hacemos nada, si no somos proactivos, si no nos hacemos responsables otros tomarán el control de nuestra vida y serán los dueños de nuestra atención, de nuestro tiempo, de nuestra salud, de nuestra energía y de nuestro dinero.

 

Entorno diseñado para los intereses de otros

 El entorno actual está diseñado y modelado por agentes externos que conocen y aprovechan nuestro sistema de recompensa y la sensación de ausencia de control para facilitar que desarrollemos determinados hábitos que benefician a estos agentes externos.

 Ten mucho cuidado cada vez que escuches cualquier frase que acabe en ” facilita nuestra vida”. Por ejemplo “la tecnología facilita nuestra vida” puede significar que facilita que desarrollemos un hábito concreto, pero no necesariamente que tenga un impacto positivo.

Hace unos días recibí en mi casa Alexa de Amazon, un altavoz inteligente controlado por la voz y conectado a internet que permite, entre otras cosas, reproducir música, consultar el tiempo y controlar dispositivos en tu hogar. Cuando llevas usándolo tan solo diez minutos, te sorprende que una tecnología tan espectacular tenga un precio tan ridículo ( menos de 30 € en oferta)Y te preguntas: ¿ qué me está pidiendo a cambio?  Alexa está integrada con tu cuenta de Amazon y permite realizar compras con un simple orden de voz. No hay nada malo en que nos facilite este proceso, pero es muy fácil que acabemos comprando muchas más cosas de las que necesitamos y que acabe fomentando la compra compulsiva.

Tenemos que aprender a aprovecharnos de la tecnología y evitar que la tecnología ( diseñada por otros) nos controle. Podemos coger solo la parte buena y usar Alexa para que nos recuerde que tenemos que ir al gimnasio, nos facilite información financiera o simplemente para disfrutar de buena música.

 En próximos artículos hablaremos de cómo diseñar nuestro entorno en los diferentes ámbitos , de aquello que desencadena o dificulta el desarrollo de un hábito y de cómo funciona la motivación y la fuerza de voluntad.

Te espero, no faltes.

 Accionables 

¿ Que son los accionables? Son acciones muy concretas y sencillas de aplicar con un alto impacto sobre tu vida en el medio y largo plazo. Muchos de ellos, si los repites, se convertirán en hábitos. Todos los artículos del blog tendrán una última parte con accionables.

1. Anota  durante una semana todas aquellas cosas que haces en los diferentes ámbitos de tu vida. Trata de identificar y anotar que sensación positiva te generan (sistema de recompensa inmediato) . Pregúntate y anota en otra columna qué consecuencias traerá ese hábito a tu vida a medio y largo plazo.

2. Identifica resultados que has conseguido con los que están satisfecho. Intenta identificar qué acciones o hábitos te han llevado a lograrlos.

3. Identifica resultados que quieres conseguir y que no has logrado aún. Intenta identificar qué hábitos te impiden lograrlo o que hábitos tendrías que desarrollar.

4. Si te encuentras preocupado por algo, intenta identificar qué puedes hacer y no estás haciendo para solucionarlo  y hazte responsable de tu parte. Identifica factores externos que no puedes controlar y simplemente acéptalos.

5. Analiza si existe un diseño intencionado en tu entorno para que hagas algo. Cuando algo “te facilita la vida”  Pregúntate  ¿Qué me está pidiendo a cambio?

 

 

Si quieres conocerme mejor y también el proyecto Habitocracia te recomiendo que escuches las siguientes: Entrevistas en Podcasts